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Cosas que nos ponen de muy mala leche a las gordas

Antes que nada: sí, he dicho gorda. Los rubios son rubios, los flacos son flacos, los negros son negros, los maricas son maricas y los gordos somos gordos. Y yo, particularmente, me niego a utilizar eufemismos porque, a pesar de las connotaciones negativas que muchos quieran dar a la palabra ‘gorda’, para mí no es negativo, y gracias a WeLoverSize y a mi propio trabajo interno he conseguido sentirme feliz con esta condición. Es más yo, aunque mañana baje 40kg, en mi interior siempre seguiré siendo gorda, porque gorda SE ES y SE NACE, no se hace. Soy gorda de corazón. Ole mi coño.

Aclarado esto, me doy cuenta de que mucha gente piensa que los gordos, por naturaleza, somos personas afables y simpáticas, alegres y sonrientes. Supongo que porque pensarán ‘coño, si encima de gorda es antipática… mejor que se muera’ ¿no? Pues caris, no. Hay de todo como en la viña del Señor y cada uno tiene su personalidad totalmente independizada de sus kilos. Es más, precisamente para nosotros, los gordos, hay determinadas situaciones en las que la mala hostia se hace preceptiva. Vamos, que no nos queda otra que sacar a la Úrsula de La Sirenita que llevamos dentro y ser unas grandísimas hijas de puta y ponernos de mala milk. Por ejemplo:

Cuidao que voy

– Cuando nos tienen mucho tiempo sin comer

 Quizá más de una se me enfade por esto porque es cierto que hay mucha gente que tiene sobrepeso y no es por comer mucho, sino por enfermedades y cosas así. Pero chica, yo no. Yo soy gorda porque como y como MUCHO. Porque no tengo fondo, porque mis amigos me llaman Tenedor Veloz y lástima del pobre que comparta plato conmigo porque no le dejo ni olerlo. Y a mí que me dejen sin comer más de 4 horas seguidas me pone de muy mala hostia. Yo soy mejor persona cuando como, soy feliz.


– Cuando vamos de tiendas y no nos caben ni las gafas de sol

Que vayas tú al centro comercial el mismo día 1, con el sueldo recién cobrao y la tarjeta más preparada que el coche de Vin Diesel, y que te tengas que volver a tu casa con un simple paquete de bragas del Primark porque ABSOLUTAMENTE NADA te queda bien… eso es tristeza señores. Que te deje tu novio es triste, pero eso… eso sí es sufrimiento. Menos mal que ya se va animando la cosa y cada vez son más los visionarios que, después de 30 años, de repente se han dado cuenta de que hay vida más allá de la 42. Y si no, siempre te queda comprarte un Big Mac en el McAuto al salir de las tiendas y hacer un pedido online desde tu casa.

 

– Cuando no cabes bien en los asientos de Ryanair

Y el mamón del Michael O’Leary nos quería cobrar un plus por ello… ¡¡lo cojo y lo mato!! No tengo suficiente con ir apretada en el avión sino que encima casi no quepo por los lados tampoco. Y a ustedes no sé, pero a mí el cinturón me da justito, justito, ¿eh? Hagamos un crowdfunding para reunir dinero y que alarguen un poco el cacho tela de los cinturones, ¿qué les parece?

 

– Cuando te das cuenta de que tu futuro marido jamás podrá entrarte en la habitación del hotel llevándote en brazos

Motivo más que suficiente para divorciarse, no digo más. ¡Que haga pesas coño, como las candidatas a Reina del Carnaval para poder cargar con los trajes esos que llevan! Que yo dieta no voy a hacer, que ya saben que me pongo de muy mala leche.

 

Bueno, también es otra opción…

– Las sillas de Ikea

Me niego a sentarme ahí, que esa mierda no aguanta mi peso, leches, que compres algo de calidad pa’ yo sentarme en tu casa.

  

La talla única

Su puta madre, la talla única. Nada más que añadir.

– Cuando la gente te da su opinión y consejo sobre dietas

‘¡Ay qué pena con esa cara que estés tan gordita!’ Eeeh… ¿acaso yo le he pedido opinión o algo, señora completamente desconocida? Pena tu cara, maricón, ¡que eso sí que no tiene arreglo!

                                                      

 

– Y cuando por fin decides ponerte… las dietas fotocopiadas de endocrino

 O sea, ¿que me gasto 100€ en tu consulta y lo único que haces es sacarme del cajón una dieta de 1986? Ajá, ok, muy bien. 

 

 

Muy interesante… cuéntame más

 

– Cuando te sientes observado en un restaurante por comer con ganas (y no precisamente una ensalada)

En serio, gente, búsquense una vida, no se preocupen tanto por mi salud cuando no tienen ni idea de cómo estoy o lo que hago el resto de días. Soy yo y mi comida, NI NOS MIRES.

Me comí una salchipapa

Yo es que en todas estas situaciones saco las garras cual gata ripiada…
Y a ustedes, ¿se les ocurren más? 

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