Hace unos días aprendíamos el término «caranchoa» de la mano de un youtuber, o más bien de la mano del repartidor al que intentó gastar una broma para su canal de Youtube. Aunque desconocemos el significado que este término pueda tener para dicho chavalito bromista, en Weloversize hemos querido acuñar nuestra propia definición y comenzar a usarlo, porque nos parece de lo más apropiado a la hora de tratar con ciertos personajos de nuestro día a día.

CARANCHOA: dícese de aquella persona que se cree mejor que tú y quiere demostrártelo con sus comentarios de mierda sin fundamento, ya que un caranchoa jamás podrá argumentar con raciocinio aquellas ideas que cree fundamentales. 

Ejemplo: «no te preocupes porque esté aquí riéndome de ti en tu puta cara porque solo es una broma para un trabajo para la universidad de sociología».

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Creo que a estas alturas todos conocemos ya el nacimiento del término caranchoa y el caso del youtuber apaleado, pero si no es así, pues mira, mejor para vosotros, porque de verdad que ver a dos tontos discutiendo no tiene ninguna gracia.

Vamos a centrarnos en el tema de los caranchoas cotidianos que tenemos que aguantar a diario. ¿Por qué nos ha parecido la mar de conveniente el término? Porque en el fondo tienen cara de anchoa de verdad. No me digáis que no.

La caranchoa suele tener los ojos muy abiertos para no perderse nada sobre lo que opinar, y también es de pestañear poco, como si le faltase un veranito o estuviera pidiendo a gritos una colleja para espabilar. También es muy de abrir la bocaza, a veces para respirar como los tontos, como lo hace la propia anchoa que le da nombre, pero en su mayoría la abre para compartir con el mundo que le rodea todo lo que se le pasa por su diminuto cerebro. Así, sin filtro ninguno, como los valientes de Instagram.

Andáos con ojo porque hay más caranchoas por ahí que peces en el mar. Tened cuidado cuando echéis el anzuelo porque a veces estos pican y luego los tienes que aguantar, y tienen pinta de ser pesadísimos, además, de esos que no te quitas de encima tan fácilmente.

Para que esto no te pase te vamos a dar unos cuantos ejemplos de caranchoas menos mediáticos que el famoso youtuber, y así podrás tenerlos calados y estar preparada para echarles la red y lanzarlos de vuelta al mar y no llevarte ningún disgusto por lo que te digan, porque sabrás que no es más que otro caranchoa con ganas de abrir la bocaza para mantenerse vivos.

– La señora que te para por la calle para decirte lo que debes comer: la caranchoa pasada de rosca ya, porque en general tiene ya cierta edad y se ha pasado muchos años de su vida con los ojos bien abiertos y ha visto que alimentándose a base de alpiste la gente adelgaza, y al verte pasar, aún sin conocerte de nada, siente la necesidad de recomendarte lo que debes comer.

– El amigo de tu ligue que es tan buen amigo que le avisa de que tenga cuidado porque se está ligando a una gorda: estás en un bar, te has tomado unos chupitos (o sin chupitos, qué coño) y has visto a un chico supermono, así que te has decidido a hablar con él y le has invitado a tomar otro chupito (o sin chupitos, que eso es lo de menos). Y de repente aparece el caranchoa para advertirle a su amigo, que es tu ligue, que la gorda esta (hola, qué tal, tengo nombre) se lo quiere ligar. Los caranchoas son tan básicos que se creen que todos son como ellos y que su amigo no se había dado cuenta de tus intenciones, lo cual es más triste todavía.

Un caranchoa siempre pica

Un caranchoa siempre pica

– La dependienta que sabe perfectamente lo que necesitas: lleva un rato observándote con sus ojos bien abiertos, ya sabéis, y en cuanto ha localizado tu grano, tu estría o tu celulitis, se ha lanzado sobre ti para venderte un montón de cremas sin las cuales no deberías atreverte a salir a la calle porque hija, qué vergüenza ir luciendo esa piel por ahí. Claro, como su piel de caranchoa está bien hidratadita de vivir en el mar…

– La «amiga» que te dice ¡¡cómo has engordado!! cuando coges cuatro kilitos en vacaciones: la pobre llevaba todo el año esperando este momento y con esos ojazos que tienen todos los caranchoas del mundo ha visto que te aprieta un pelín el pantalón, así que no va a pederse una oportunidad como esa para decirte con todo el cariño que tengas cuidado, tía, que es mejor ser una caranchoa como ella y ser siempre delgadita y alargada.

– El que no pilla tus bromas o comentarios irónicos y trata de explicarte lo confundida que estás: esto en Weloversize pasa mucho, pero en mi vida personal también me tengo que enfrentar a un montón de caranchoas que no entienden un comentario que he hecho, porque recordemos que los caranchoas, de cerebro, regu, y deciden emplear su valioso tiempo en explicarte por qué tu comentario es de lo más desafortunado y qué deberías hacer para corregirlo. Si son caranchoas pro pueden adjuntar enlaces o soltar datos inventer para reforzar sus teorías.

 

Ahora ya estás preparada para identificar a los caranchoas que te rodean, así que… ¡a pescar!