Cultura

Nicky Jam se siente un ganador y yo me reivindico: ¡viva el reguetón!

Pues mi amado, valorado, adorado y endiosado Nicky Jam ha sacado una pedazo de serie en Netflix que bien podría ser un mix total entre Narcos y Bohemian Rapsody, siempre salvando las distancias con ambas cosas, pero de verdad que es calidad de la buena, te guste el reguetón más o menos, la serie merece la pena.

Pero es que si ya encima te gusta el reguetón clásico, el antiguo, el genuino, el de los 2000, pues mira chica, apaga y vámonos porque madre del amor hermoso menuda joya que nos han regalado a la humanidad.

La serie cuenta la historia de Nicky, un chaval que nace en EEUU, con padres inmigrantes de America Latina, las drogas están a la orden del día, el desorden familiar y social son la rutina, los niños crecen viendo cómo sus padres se meten coca, venden heroína y tienen pistolas escondidas en el armario. La educación que reciben es tan interesante como precaria, porque a pesar de ser casi nula, es tanto lo que esos niños aprender que yo no sé.

Por movidas que no contaré tratando de spoilear lo menos posible vemos cómo la familia se acaba mudando de vuelta a Puerto Rico, cuna y origen del reguetón y vemos a un Nicky Jam menor de edad empezando a rapear en las calles, hasta que encuentra a NADA MÁS Y NADA MENOS QUE A DADDY YANKEE Y YO AHÍ YA SÍ QUE ME CAGO ENCIMA. 

Resulta que estos dos empezaron juntos, eran los Wisin y Yandel 2.0 pero por movidas chungas se separaron, se hacían llamar ‘Los cangruis’ y de verdad que es tan bonito conocer los orígenes de la música que has escuchado siempre, conocer su historia, lo que había detrás, lo que son sus autores que yo de verdad, perdón por el putifanismo pero es que me cago encima con la serie.

 

Porque claro yo asumo que los nacidos en Latino América pues se enterarían más del salseo, pero aquí llegaba directamente la canción ya editada a la discoteca, pa que tu la perrearas en la tarima y poco más, no te enterabas de si se llevaban mejor o peor, de si uno se drogaba, el otro no, de cual había estado en la cárcel y de cual corría peligro de muerte.

El caso es que vemos una historia de superación, del querer es poder, del caerse y el levantarse, del amor más puro hacia personas, hacia el dinero y hacia los vicios. Es una historia humana, triste y enternecedora, pero también es alegre, te hace querer mover el puto culo del sofá y buscar luego todos los temazos de la época dorada del género para verte los videoclips al completo.

El reparto actoral es de apaga y vámonos, porque hay tres Nicky Jams, el de niño, el de adolescente y el propio Nicky real que se interpreta así mismo cuando ya es mayor. La serie está contada en clave de documental por él mismo para darse credibilidad, pero al mismo tiempo se alterna con la propia serie interpretada por unos chavales que se dejan la piel por reproducir lo que pasó exactamente.

Una de las cosas que me más he disfrutado de la serie es el paseo que se da por América Latina y sus acentos, es que no deja indiferente a nadie de verdad. Pasan de Puerto Rico a Colombia a República Dominicana así, en un abrir y cerrar de ojos y tú notas que todos hablan igual, pero que todos hablan distinto. Ves las diferencias entre un país y el otro y joder, qué maldita maravilla de verdad.

Que sí, que me encantaría dejar de haceros hype, pero es que no puedo. He visto la serie en 48 horas y ahora llevo otras 48 escuchando el último álbum del Nicky en bucle, ya por no contaros la investigación exhaustiva que he hecho sobre los orígenes del reguetón en Google y de que últimamente sobre hablo de culieo, malianteo, mamahuevos y los mamaviches como si fueran parte de mi vida. Tengo a mis amigos hasta la coronilla.

Nunca he necesitado fuerza para defender el reguetón como género de los géneros, como mi música favorita y lo que más escucho por y para siempre, pero es que desde que he visto la serie es como que me he justificado que ahora es todavía mejor, porque las letras no son aleatorias, las letras tienen sentido de verdad, se compusieron en un momento y un lugar exacto para querer decir eso y solamente eso. Y joder, qué bonito saber lo que hay detrás, colega.

Es que me cago cada vez que dicen que el reguetón es el ‘rap urbano, el rap de la calle’ y yo me siento una jodida puertoriqueña bailando en antros hasta que no me dé pa más el calor, sudor, ahá.

Pues eso niñas, que yo no soy tu marío, ni tan poco hombre, solo soy el cangri que cuando llamas te responde.

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