Esta historia es una leyenda que circula por el pueblo donde vivo y que todo el mundo conoce. Cuando la leáis, juzgad vosotras mismas si creéis que tiene base o simplemente son historias de viejas. El caso es que yo vivo en un pueblo de 10.000 habitantes, no es muy grande pero tampoco pequeño, y allí nos conocemos todos. Allí vivía una familia en una de esas típicas casas de pueblo de principios del siglo pasado. El matrimonio, ya mayor, tenía dos hijos; el pequeño aún vivía con ellos y se encargaba de cuidarlos.

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La madre murió tras sufrir una caída y el hijo, muy afectado, se acabó suicidando en su habitación. Lo encontró su padre quien, incapaz de superar ambas pérdidas, puso la casa en venta y se fue a vivir a una residencia. Una familia joven con un bebé compró la propiedad. Conocían la historia, pero no eran supersticiosos. Todo se torció unos meses después: a la madre le detectaron un cáncer incurable y falleció. El padre se echó a la bebida y acabó estampándose con el coche. Pasó dos meses en la UCI y, tras desintegrarse su familia, puso la casa en venta.

Por aquel entonces ya circulaba el rumor de que la casa estaba maldita. Nadie del pueblo se atrevía a comprarla, así que acabó quedándosela una farmacéutica que venía de la ciudad y no conocía la historia. Montó su farmacia en la planta baja, encontró novio y se mudaron juntos. Los rumores se relajaron hasta que, tras una discusión, el novio la asesinó asestándole varias puñaladas con un cuchillo de cocina. El suceso salió en la tele y en el pueblo no hubo dudas: la casa estaba maldita.

Al final, la casa se la quedó el banco, que la puso en venta a precio de ganga, pero ni por esas. Todas las personas que han vivido en ella han caído en desgracia y la gente del pueblo lo sabe. Además, el hecho de que el pueblo saliese en las noticias por el asesinato sirvió de disuasión para la gente de fuera; nadie quiere vivir donde han matado a alguien, por muy barata que sea la casa.

Solo para las que tengáis curiosidad: sí, la casa sigue en venta. En el pueblo seguimos expectantes por ver quién se atreve a comprarla.