Yo creo que no tiene que ser ni blanco, ni negro. Que se puede intentar adoptar un punto intermedio.
Probablemente para él este tema sea también un reflejo de vuestra incompatibilidad, porque vuestro planteamiento es diametralmente opuesto.
Si, por ejemplo, os preguntan qué hacer en Nochebuena el día 26 de noviembre, podríais acordar dejar la decisión tomada el 10 de diciembre. Ni el 26 de noviembre, ni el 20 de diciembre. Un punto intermedio para que quien os invite tenga tiempo de organizarse.
Así con todo. Pensar qué es lo importante al tomar cada decisión. Y que no sea tu ansia planificadora (con perdón!) ni su dejadez (con perdón también)
Desde mi punto de vista, se trataría de poneros límites adecuados para cada plan, marcados por circunstancias externas (no por vuestras extremas formas de ser)
De ese modo veréis que ambos hacéis un esfuerzo equitativo.