Imagina que es al revés, que tus padres te dan dinero o un piso. Cuando yo me casé, mis padres pagaron la entrada de mi casa y mi marido los gastos. Poco después mis padres me donaron una buena cantidad de dinero que utilicé para pagar prácticamente toda la hipoteca. Me casé súper enamorada y lo sigo estando 16 años después, pero como no sé si mañana lo estaré, hicimos una escritura frente a notario. Mi marido se beneficia de pagar una hipoteca ridícula, y asume que si nos separamos sale por la puerta sin rechistar. Y nunca nos hemos creído mis padres ni yo superiores. Mi marido y mis suegros lo entendieron perfectamente y todos felices.