Por suerte en mi caso duró poco, pero me pasó algo similar. Mi suegra aprovechaba las horas en las que salía a llevar a los niños al colegio, entraba en el piso, limpiaba todo, me hacía la compra… y claro, había que estarle agradecida encima por la intrusión en mi espacio y el menosprecio de hacerme sentir incapaz de manejar mi casa. Ahí si que no tenía por donde decirle a mi marido que la situación era molesta porque ella solo ayudaba cuando nadie le había pedido su ayuda y con el fin de poder luego soltar perlas en plan: si no fuera por que os ayudo… y otras joyitas. Menos mal que nos mudamos a tomar por el culo de su ciudad.