La historia de siempre: vienes de la ciudad a un pueblo y os pensáis que sois la última Coca-Cola del desierto, creyendo que todos deben rendirte pleitesía porque tú eres de ciudad y ellos unos paletos de pueblo. La realidad es que no llevas ni un año allí, así que no ha dado tiempo a nada. Si todos a tu alrededor son tan desagradables, igual es por problema de tu actitud.