Las habilidades sociales se aprenden, igual que aprendes a sumar, restar, multiplicar y dividir. Si socializar os causa tanta ansiedad, igual podríais pedir ayuda a un buen psicólogo. Yo también tengo un poco de fobia social, derivada de mi pobre autoestima y mi inseguridad. No es el hecho de socializar en sí lo que me resulta un problema, es, como decís, el pensar qué pensarán de mí. Sin embargo, es necesario salir de la zona de confort, cuantas veces mejor, para acostumbrarse y vencer los miedos. Mi psicóloga una semana me puso de deberes salir de fiesta, a sitios donde hubiera muchísima gente desconocida con la que socializar, así como os lo digo. Y yo como «ni de coñaaaaa». Sin embargo, le hice caso. Me dio algunas herramientas para que saliera bien, avisándome de que igual salía mal, pero aún así había que volver a intentarlo, porque si las cosas no salen bien a la primera, ya saldrán a la segunda o a la tercera. Y cuando no sabes hacer algo, evitarlo no te va a servir para nada. Sólo para convertirlo en una bola de nieve. Lo mejor es hacerlo tantas veces como sea posible para que cada vez te salga mejor.
La verdad es que haciendo caso de las herramientas que me dio, me lo pasé de lujo, me divertí un montón conociendo gente, ligué como una cosaca (yo que jamás había ligado con nadie!). Y descubrí dos cosas. La primera, que no se puede gustar a todo el mundo, y no pasa nada. A nosotros tampoco nos gusta todo el mundo y no pasa absolutamente nada. Es lo normal. Y la segunda, que la forma en que la gente se relaciona contigo es una cuestión de actitud (la tuya). Cuanto más cercana y abierta eres, mejor. Mirar a los ojos de la gente cuando te habla, seguir conversaciones sin callarte y hacerte pequeña en una esquina. Hablar de lo que sabes y preguntar sobre lo que no sabes. Todo eso te ilumina y atrae a la gente. Y funciona. Volví a probarlo en otra situación diferente, para ver si había sido casualidad y volvió a pasar lo mismo. Ya no tengo miedo de los desconocidos, aunque mi autoestima sigue baja y mi inseguridad sigue alta. He aprendido cuáles son mis puntos fuertes, los que puedo explotar para pasármelo bien en una situación así. En ese sentido le debo la vida a mi psicóloga, porque me ha quitado un peso gigantesco de encima de los hombros. Siempre que voy a algún sitio donde hay desconocidos, me agobio mucho de primeras. Pero cada vez me agobio menos, porque ya sé qué esperar. Y además, si sale mal, no pasa nada, no es el fin del mundo. La próxima vez saldrá mejor.