Dios os libre de una enfermedad que os impida tener sexo, porque al parecer es el único motivo por el que tenéis pareja. El contacto físico y erótico con una pareja es mucho más que meterla. Cuando tengáis 80 años y estéis solas, no pensaréis en los polvos que echasteis, sino en la falta de un compañero de vida.