El ámbito laboral a mí me resulta más fácil que el social. A fin de cuentas, tienes que «soltar un rollo» que ya tienes preparado, y cuanto más segura estés y más preparado lo llevas, más fácil es soltarlo. Y si te preguntan algo que no sabes, no tienes que ser infalible, con decir algo así como «eso tendría que mirarlo, porque ahora mismo no recuerdo/no puedo contestarte/no me atrevo a decirte nada porque igual te lo digo mal…» y la gente acepta perfectamente una respuesta de esas características. Yo me presionaba mucho a mí misma con este tema, porque yo voy de experta a sitios donde a mi empresa le pagan una pasta por mí, y tengo síndrome de impostora, con lo que siempre pienso que no voy a saber responder sus preguntas o dudas y que cualquier otro compañero estaría más preparado que yo. Esto no es así, el 90% de las respuestas las sé, y el otro 10% más complicado no es que no la sepa, es que tengo que currármelo un poco más. Tus clientes (del tipo que sean) no esperan que lo sepas todo, sólo tienes que transmitir seguridad, aunque por dentro estés cagándote de miedo, y si no sabes algo, admitirlo y decir que lo tienes que consultar. Nadie te va a juzgar, porque ellos tienen infinitamente menos idea que tú.
Y, por supuesto, esto es práctica. Yo llevo nueve años en este trabajo y las primeras veces me cagaba tanto de miedo que pedía que no me mandaran a mí. Ahora voy mucho más tranquila, y dependiendo de quien sea mi interlocutor y lo preparado que lleve el tema completamente tranquila. Con todos los complejos que tengo, y las ganas de pasar inadvertida, cuando estoy en el trabajo se me olvida. Me levanto, voy al frente de la sala, escribo en la pizarra… Todo por el afán de que entiendan lo que estoy explicando. Al contrario que en el ámbito social, en el ámbito laboral la gente deja de verte como una persona (con sus taras) y te ve como un ente que explica cosas interesantes para ellos. Se centran en las cosas interesantes, no en ti. Eso lo hace todo más fácil.