A mis casi 30 veranillos ya estoy más proporcionada, pero durante mi adolescencia sólo era huesitos y tetas. A mucha gente le encantaba comentar mi físico con lindezas del tipo «estás anoréxica», «tienes la solitaria», «sólo se te ven tetas» y cosas por el estilo (por no hablar de los comentarios sobre mi tamaño, que aún sigo oyendo con demasiada frecuencia). Soy especialista en que me paren por la calle para decirme que estoy muy seria o que voy muy destapada, ya que soy muy calurosa y en enero a veces voy de manga corta, lo cual da pie a que gente que no conozco de nada se preocupe por si voy a coger un resfriado por presumir (deben pensar que las gotas de sudor que me caen por la frente son de condensación, como cuando sacas un yogur de la nevera). Hay muchas personas con vocación de life coach que se podrían quedar criticando lo que ven en Sálvame Deluxe, en lugar de cebarse con nosotras y dar consejos que nadie les ha pedido. «Te falta un cocido». Pues vaya, muchas gracias señora, llevaba 6 horas sin comer porque ningún transeúnte caritativo me lo había recordado, en seguida me hago un cocido en un momentito. O casi mejor, métase en su vida y aprenda a respetar a los demás, que a lo mejor estoy acomplejada por mi aspecto físico y Vd. sólo está haciéndome sentir mal.
El tema es que, seamos como seamos, siempre va a haber alguien que nos recuerde que no somos perfectos. Pues ole nosotras y nuestra imperfección: en la diversidad está la salsa de la vida. Hay que aprender a que estos comentarios nos resbalen, porque la mala leche que nos corroe por dentro sólo nos jode el día a nosotras mismas.