El cuento de la virginidad ha sido siempre otra herramienta de represión moral. El himen puede romperse en otras circunstancias o incluso, aunque es algo muy poco usual, nacer sin él.
No te sientas acomplejada por eso, ¿sabes lo que he visto yo al leer tu post? Una mujer que tiene claras sus prioridades vitales, que no se ha conformado con lo primero que viene para meterse en su cama y que, por culpa de presiones sociales, está pensando que es menos. ¡Pues no lo eres! Fluye con la vida, cada realidad es única, pero estamos acostumbrados a juzgar a todos los que no cumplen unos entandares sociales que nos han metido por el gaznate. La virginidad, como tal, no vale nada, perderla tampoco. Es una experiencia más que hay que vivir cuando sea el momento de hacerlo. No te agobies, sé tu misma y valorate.
Yo fui muy tardía también, estaba en otras cosas, en mi carrera, mi gente, mi aprendizaje… Y, al final, el primero que elegí me salió rana (me fue infiel) y ahora estoy casada con un hombre maravilloso y con un peque de 7 añitos, son los hombres de mi vida y todo me vino bien pasados los 35. Solo he estado con dos personas y la segunda fue la mejor. Lo bueno, a veces, se hace esperar. Por cierto, lo conocí en Facebook, en un grupo sobre videojuegos, tenemos muchísimo en común y nos enamoramos incluso sin habernos visto nunca. Fue casi mágico. Apuntante a cosas que te gusten, a cursos o actividades que hagan asociaciones, conecta en redes con gente con tus mismos gustos y aficiones… El aspecto se marchita, la esencia es lo que permanece.