Yo estoy de acuerdo con la autora, no hay ninguna necesidad de poner la tentación en las narices porque además se tratan y a partir de ahí puede surgir algo.
No hace falta querer engañar, imaginaos que tenéis un entrenador espectacular, jóven y empieza a tontear, se pierde la cabeza por muy serias y fieles que seáis.