Qué duro, maja. Qué duro es, sobre todo, darte cuenta de que tu núcleo duro no lo es en absoluto. Que cuando realmente necesitas hombros en los que llorar, gente que te ponga comedias románticas, gente que te arrope con vinito y quesos, sí, pero en casa, entre risas, lágrimas y patadas a cojines, todos desaparezcan sin dejar rastro. La gente huye de forma patética en cuanto la vida de una persona se pone patas arriba. Qué me vas a decir. A mi me pasó hace unos años, algo parecido a lo tuyo. Afortunadamente, mi madre sobrevivió, pero desde entonces vivimos entre hospitales y con el corazón en un puño y como con una espada de Damocles encima de la cabeza. Pero de aquellas, mi mejor amigo desapareció sin dejar rastro, después de decirle por mensaje que mi madre estaba enferma y que quería hablar con él, no fue capaz de cogerme el teléfono hasta casi seis meses después. Valiente apoyo.
Yo también me recluí en mi misma. Estuve como un año sin salir de casa, sólo para ir a trabajar (y al hospital). Y cuanto más me recluía, más difícil era interactuar con la gente. Cada vez que me encuentro en una situación difícil, tiendo a aislarme, y volver al mundo después es horroroso. Así que ahora, a pesar de que está todo muy complicado y que no sé cómo nos vamos a levantar mañana, procuro vivir la vida. Porque la vida no te espera, y no te perdona. Y si la tiras al water, no vas a poder recuperarla. Yo he perdido mucho tiempo, y no he ganado nada. Sólo un montón de traumas y de taras que ahora me cuesta el doble arreglar. Y aparcarlo todo, no mejora lo que va mal. Al contrario, lo convierte en un monstruo más grande, más pesado, más triste.
De todas formas, bien sabes que la fuerza debe estar dentro de ti. La fuerza de querer hacer cosas, de salir del capullo, de conocer gente nueva. Gente que te apoye, que esté ahí. Yo perdí a mi mejor amigo hace años, pero apareció otro mejor amigo, sin comerlo ni beberlo que siempre me coge el teléfono, siempre me escucha, siempre me da ánimos, que se preocupa si me aíslo y me empuja a salir de casa si me estoy pasando mucho. La vida es un camino de aprendizaje, y hay que ir soltando lastre para encontrar cosas nuevas, cosas bonitas. No todo el mundo es tan inmaduro. Y además, con los años, la gente empieza a pasar por lo mismo que has pasado tú, por los sustos, por los dramas, por ese momento en que tu vida se va a la puta mierda de un día para otro. Que un día está todo genial y cinco minutos después estás llorando como si se fuera a terminar el mundo con toda tu existencia hecha añicos. Al final, es algo inevitable. Hace poco una amiga tuvo que ir con su padre al hospital, con un susto muy gordo, y me decía que eso le había hecho valorar qué cosas son las importantes, y cuáles son accesorias, y por mucho que yo le había contado lo mismo durante años, sólo ahora era capaz de entender lo que yo quería decir.
Renueva tu círculo. Que el vino y los quesos están de puta madre, pero no como postureo, sino como excusa para quedar, para verse, para reírse, para abstraerse, y con risas, o llantos, o conversaciones, y charlas, y que se te haga tan tarde hablando de tus cosas con tu gente que no sepas ni cómo volver a casa (los taxistas a mí me van a poner un templo).Si tu círculo no te convence, mándalo a pastar, igual que hiciste con tu pareja. Si en el momento más duro, reaccionó así, no te convenía, claramente. Tenía que haber sido tu pilar, y fue tu losa.
Lo bueno es que se aprende de estas putadas que nos lanza la vida. Lo malo es que creo que hay formas de aprender menos drásticas que esto.
Un abrazo.
PD.- Entiendo que Elena se refiere a publicar tu mensaje en facebook, por ejemplo.