Le puedes decir que en tu familia tenéis la antiquísima tradición de no hacer cosas a disgusto ni dejaros mangonear ni chantajear, que se remonta a siglos atrás, y que no quieres ser la primera en romperla. Que se puede sentar a hablar como personas adultas, de igual a igual, y llegar a un consenso, o que ya irás tú solita al Registro Civil y pondrás el nombre que te dé la gana a ti.