Gracias por compartir algo tan profundo y tan real. Lo que has vivido es durísimo, y no estás dando pena, estás contando tu vida, con toda la valentía que eso implica.
Has cuidado de tu marido con un amor inmenso, incluso cuando él ya no podía devolvértelo ni reconocerte. Eso no lo hace cualquiera. Lo que has hecho, lo que sigues haciendo, es un acto de amor de los más puros.
Y también es humano necesitar vivir. No sobrevivir, vivir. No es egoísmo, es instinto de vida. Has estado ahí cuando más te necesitaba, y ahora también estás, aunque en otro lugar. Tu dolor, tu decisión, tu historia, merecen respeto y comprensión.
Tu marido ya no está en el sentido más profundo, aunque su cuerpo siga aquí. No es traición amar otra vez. Es, quizá, la forma que encontró la vida para devolverte un poco de todo lo que diste. Y eso también es amor. Amor por ti misma.
No estás haciendo nada mal. Estás haciendo lo posible por seguir adelante sin dejar atrás a quien fuiste ni a quien amas. Y eso es más valiente de lo que muchos pueden imaginar. Yo te entiendo. Y te abrazo, aunque sea con palabras.
En cuanto a tus hijos… quizá algún día comprendan que no es fácil ser hija, pero tampoco lo es ser esposa, ni madre, ni mujer en medio de tanto dolor. A veces el tiempo ayuda a ver con otros ojos lo que ahora solo pueden mirar con rabia o confusión. Y mientras tanto, qué suerte que tienes a tu hija pequeña, que ve lo que otros no pueden ver aún: que mereces también ser cuidada, querida y feliz.