Por favor no digas nada. Con 16 años el instituto me mandó a las «pruebas cangur», unas pruebas, una especie de ranking de los mejores alumnos de matemáticas de la comunidad. Mientras bajaba a hacer el exámen me fumé un cigarro. Mi madre, o cualquier amiga suya me vio. Al volver a casa, el recibiniento fue un hostión sin mediar palabra y put* fue lo más nonito que mi madre me llamó ese día. Poco importó que fuera una de las alumnas más brillantes en matemáticas en mi comunidad.
El tabaco se deja (yo lo dejé a los 30) pero el daño psicológico que pueden sus padres hacerle puede pasarle factura de por vida. No lo hagas por favor. Un abrazo.