Respuesta corta: No le des segunda oportunidad.
Respuesta larga: Tras la pandemia, volví de un viaje de trabajo y me enteré que mi entonces marido tenía un pufo de 25.000 € porque tenía «algún problema con el juego». Le perdoné, supliqué a su jefe que no le echase y mi padrino pidió un préstamo para poder devolver el dinero. Fue a terapia y se inscribió como adicto al juego.
Un año después, volvía a tener otro pufo. Debía dinero a prestamistas, a amigos y familiares…
Me perseguían por la calle haciéndome fotos para amenazarle. Un día me enteré que era todo más gordo de lo que pensaba, e incluso atenté contra mi vida. Me volví a casa de mis padres.
Me costó, me dolió, lloré… Pero fue la mejor decisión que tomé.
Volviendo a tu caso: por mucho que tengáis hijos en común… No vuelvas con él.