Te hablo desde una experiencia idéntica a la que está viviendo tu hija, aunque hace 15 años. Recuerdo la situación con cariño y orgullo precisamente por cómo se comportaron mis padres y cómo me hicieron sentir: querida, apoyada, valorada, empoderada y sostenida por ellos. Dieron la cara por mí, me defendieron delante de profesores y jefes de estudios, delante de la dirección. Me dejaron ser yo misma y me enseñaron que los que estaban mal eran los ojos que me miraban y la mentalidad retrógrada cristiana del colegio. Habla con tu hija, que se sienta comprendida y apoyada por ti, ve a la reunión con mente abierta para escuchar lo que te digan, pero con las ideas muy claras. Tu hija es lo primero y no se está equivocando.
Y aclaro, por si acaso: no íbamos vestidas escandalosas al colegio, somos gente normal, con padres educados y que sabemos comportarnos. Pero en esos ambientes hay cosas que se consideran fuera de lugar aunque no lo estén y que jamás darían lugar a hablar en otros centros.