Nuestra gatita, ahora que estamos en un piso, sale muchas veces al pasillo como alma que lleva al diablo para corretear u oler, su madre sale, pero más tranquila.
Por ejemplo, como las puertas que dan al ascensor y a las escaleras están siempre cerradas, hemos convertido ese momento en un juego: las dejamos salir, aprovechamos para dejar la compra o las cosas del curro en el sitio con la calma (con la puerta abierta) y luego vamos a por la peque como si cazásemos (su madre, normalmente acaba entrando con nosotros). A ella le divierte y tiene su ratito «de salir»