Cuando vas a una boda no te vistes para ti, te vistes para los que te han invitado. Lo mismo que cuando un policía se pone un uniforme de manga larga y tiene que irse a una playa. Forma parte del contrato social, de vivir en sociedad, que a veces implica hacer cosas que uno no quiere. Vestirte como quieren ellos y no como quieres tú es una señal de respeto y de cariño, porque para ellos es uno de los días más importantes de sus vidas y quieren que sintonices con ellos. Y en este caso no vale con decirlo, hay que demostrarlo, entre otras cosas, con un esfuerzo extra en la vestimenta.
Igual que no irías en chanclas y bañador al entierro de la madre de tu pareja, hay que dejar el yo a un lado y pensar en a donde vas y por qué. Y si no te vale el esfuerzo, pues mejor no vayas.