En mi último vuelo, Turquía – Alemania, había 7 niños (dos de ellos míos) y tres bebés. Los bebés lloraron al despegar y al aterrizar por los oídos pero el resto del vuelo ni se notó que había bebés/niños.
Los míos llevaban en una mochila un libro gordo para colorear, una libreta con folios blancos para pintar o pegar pegatinas, pegatinas, un estuche con lápices de colores finos y gordos, ceras, rotuladores, lápiz y goma y una revista de esas para niños, con cromos/juguetes/peluches y en mi mochila iban un par de libros (uno para el nano y otro para la peque), un juego de memo, un puzzle tipo tangram y el Uno. Sin tablet y mi móvil en el bolsillo.
Lo que sí se notó fue a:
– Una pareja de ingleses que fueron discutiendo todo el vuelo.
– Un grupo de cuatro o cinco chicos turcoalemanes que no pararon de armar jaleo.
– Un alemán que era como una Karen.
– Una turca que iba peor que las grecas (la policía la esperó en el control de pasaportes).
Así que… depende del vuelo, los niños y los padres.