A las mujeres nos enseñan desde peques a complacer los deseos de los tíos. Tu reacción al enterarte de que el otro quería acostarse contigo es de culpabilidad («el pobre» «soy tonta»), como si le debieras sexo a ese chico solo porque a él sí le apetecía contigo. Y no, cariño, ni él es un pobrecito ni tú eres tonta ni le debes sexo.
Y una cosa más: a un tío que finge preocuparse por tu seguridad acompañándote a tu casa cuando lo que en realidad quiere es mojar el churro, ni agua.
Cada cual lo que vea, pero yo ni me disculpaba, ni le volvía a contactar, por listo.