El problema no son los niños, son los padres.
Y el problema es distinguir entre «cosas de niños», un bebé que llora, por ejemplo, por molesto que pueda resultar a veces, y comportamientos maleducados y padres que pasan de ellos.
No tengo hijos y no abogo por vuelos separados: en sociedad hay muchas cosas que nos molestan y hay que aguantarse. A mí me molestan sobre todo los adultos maleducados y nadie les impide la entrada en ningún sitio.