Hola a todas,
Nunca antes había escrito en este foro, pero hoy me he sentido especialmente identificada con algunos de los mensajes que he leído, así que me he animado a compartir mi experiencia.
Tengo casi 31 años y vivo en un piso en propiedad que heredé de mi familia. Lo tengo desde los 23, y sin duda es un privilegio que me permite vivir con cierta tranquilidad. Aun así, no puedo evitar sentir una gran frustración por la precariedad e infravaloración de mi trabajo, y entiendo perfectamente a quienes se sienten igual.
Soy educadora social en Cataluña, además de técnica en educación infantil. Estudié durante seis años y llevo ocho trabajando en el sector. A pesar de la formación y experiencia, el ámbito social está muy mal valorado: es precario, a veces peligroso, con mucho intrusismo y unas condiciones laborales pésimas para las responsabilidades que asumimos.
Últimamente me entristece pensar que he escogido una vocación preciosa, pero que quizás nunca me permitirá crecer más allá de lo que ya hago. Me encanta mi trabajo, pero vivir siempre en la cuerda floja económicamente desgasta (y mira que yo no puedo quejarme, pero tengo compañeras y amigas que si). Ahora mismo tengo dos empleos y, dentro de lo que cabe, no cobro mal, pero eso supone madrugar muchísimo, pasar muchas horas en el transporte público y correr de un sitio a otro. Y temo que esta sea mi realidad de por vida si no quiero sentir que todo depende de un piso heredado.
A veces pienso que, si no tuviera la suerte del piso, lo estaría pasando mal. Todo sube, menos los salarios, al menos en mi caso. Me doy pequeños caprichos y disfruto de lo que hago, pero también ahorro todo lo que puedo por miedo a seguir estancada dentro de unos años.
Es frustrante llegar a una edad en la que sientes que nada es suficiente, que no llegas a todo, que parece que todo el mundo avanza o cobra más… En mi caso, el tema económico no me aprieta tanto gracias al piso, pero la sensación de estar atrapada en un escalón del que no puedes salir está muy presente.
Gracias por leerme. Solo quería desahogarme un poco y encontrarme con otras personas que entiendan lo que es vivir una vocación preciosa… pero precaria.
Un abrazo.