A los animales en concreto en este caso a los perros se les puede querer mucho porque se les tiene cariño y se tiene un vínculo en el día a día.
Pero evidentemente no puede ser igual que el amor que se le tiene a un hijo, especialmente en el caso de la madre quien lo ha gestado dentro que ha sentido cada patada, cada movimiento, que ha ido a las ecografías con temor e ilusión a partes iguales, esperando que todo estuviera bien.
El amor a un hijo es infinito, cuando por desgracia algunos padres han perdido a un hijo, se han muerto en vida.
En cambio, la gente que ha perdido a la mascota, siente pena e incluso igual que perder por ejemplo a un tío o un primo, pero nunca como un hijo.
El amor que se le tiene a un hijo no es comparable con nada.