Yo era igual y al final me he terminado casando en un castillo. Eso sí, como siempre he dicho, la mierda y mis caprichos me los he pagado yo y ni siquiera pusimos el número de cuenta para que la gente apoquinara dinero, porque ellos no tenían que pagar mi ida de olla.
Dicho esto, es normal y muy humano cambiar de opinión.
Si ahora quieres casarte, adelante!