Me ha encantado la historia. Menuda crueldad que esté el registro en una segunda planta sin ascensor… Pero me ha dado la risa porque me imagino con la empanada mental y que me habría podido pasar a mí perfectamente. Y, ahora que lo pienso, yo no tuve que darle permiso, o eso creo, para que reconociera a la criatura… Recuerdo que fui y no sé si ya me había cambiado las gafas… El pre-registro lo hizo el padre y me vino diciendo que le había puesto un segundo nombre y que era del señor de los anillos… Ja, ja, ja, pero era una broma y menos mal… Gracias por la historia!