Mi cuñada «compraba» a su hijo para que no quisiera ir a excursiones, cumpleaños, campamentos, casas de amigos y demás con videojuegos y consolas. Si el crío le decía a los profesores que no quería ir a una excursión del colegio, sabía que podría escoger regalo.
Resultado: con 8 años su madre tuvo que pasar una noche en el hospital, el padre quiso estar con ella, y el niño se quedó en mi casa. A las 4 de la mañana tuve que llamar a su padre para que lo recogiera, sintiéndolo en el alma, porque los vecinos me insinuaron que iban a llamar a la policía si no se callaba, y mi hija, de la misma edad, amenazó con matarlo 😅
Compartió la habitación con su prima. Empezó a llorar porque le daban miedo los peluches de la habitación; intenté razonar con él: eran los mismos peluches que había cuando venía a casa a jugar. Me tocó sacarlos todos.
Continuó llorando porque estaba oscuro (entraba la luz de las farolas). Dejé encendida la luz del pasillo, y mi hija se quejó de que la luz no la dejaba dormir.
Siguió llorando porque había mucho silencio. Entonces vivía en una calle muy tranquila, y ellos en un sitio céntrico con tráfico y gente. Qué podía hacer, tocar el tambor?
Una vecina, su dormitorio pared con pared con el de mi hija, tocó el timbre a la 1 de la madrugada, que si podía ayudar. En realidad, era un «que se calle el puto niño».
Más llantos: quería ir con su madre a su casa. Más explicaciones de por qué no podía ser, pero no paraba. Llamé a su padre para que hablara con él y lo tranquilizara. El efecto duró unos 3 minutos después de colgar. Más gritos desesperados, y visita del vecino de abajo, ligeramente amenazante. Además, me di cuenta de que había más vecinos con la oreja puesta. Yo tengo dos hijos, entonces de 8 y 4, y llevaba viviendo allí pocos meses: había mosqueo en la escalera.
Conseguí que se callara, una media hora de paz, pero de pronto los gritos, lloros y aullidos empezaron otra vez. Tardé otra media hora en descubrir que lloraba esta vez porque se había meado en la cama. Llamé a su padre y le pedí que lo recogiera.
Ya de adulto, unos 25, tuvo que ir a Madrid a hacer un curso de unos meses, hubo drama porque no sabía moverse por una ciudad tan grande 😂, y estuvo a punto de abandonar varias veces. Mi hija vivía allí entonces. Ella vino de visita un fin de semana y su tía le pidió que le llevara unas prendas de ropa. Mi hija se las llevó y le pidió que fuera a buscarlas, le explicó donde vivía y qué línea de metro debía coger: no consiguió que saliera de su zona de confort.
La sobreprotección, a veces, crea monstruos.