Tu consulta es muy interesante y te entiendo perfectamente. A muchos nos ha pasado algo similar.
Lo que describes es una contradicción muy común: la empatía a gran escala frente a la empatía en el día a día.
No es raro encontrar personas que son capaces de indignarse por una injusticia lejana, pero que no tienen la misma amabilidad con quienes se encuentran en su entorno. Es posible que el activismo se haya convertido en una parte central de su identidad, una forma de sentirse útil o moralmente superior. En este caso, el foco no está tanto en la empatía genuina, sino en la imagen que proyecta como activista.
A veces, es más fácil empatizar con una causa abstracta que con las complejidades y frustraciones de las relaciones interpersonales. El activismo público no requiere la humildad y la paciencia que sí se necesitan para ser amable con un camarero o una cajera. Esa desconexión es lo que te genera esa sensación de hipocresía, y es completamente normal.