Lo importante no es el cómo, sino el por qué. Cuéntalo porque te sientes con la confianza de contar algo sobre ti, no lo cuentes por justificarte, ni por excusarte ni por lo que el chico pueda pensar.
«Odio el concepto de virginidad, que conste. Y si un tío piensa así, no me merece mi atención» Ahí tienes tu brújula. Si el tío reacciona con juicio o burla, ya tienes la prueba que necesitabas para mandarle a pastar. Si reacciona con respeto, curiosidad sana o ternura, pues muy bien. Y si llega el momento y no te apetece decirlo… tampoco pasa nada, no tienes por qué dar explicaciones tampoco.
Ah y no eres un bicho raro. Has tenido otras prioridades, seguro que has hecho otras muchas cosas que otras personas no han hecho todavía. Yo todavía no he comido sushi y todavía no he viajado en barco y paso de los 40, ya lo probaré cuando me apetezca. Pues tú igual.