A ver, que se quieren comprar el piso por la única razón que la hija vive debajo. La hija les tiene que decir como lo ve y lo que opina. Más que nada por qué igual son ellos los que venden el piso mañana y se piran tras mil discusiones de invasión de la intimidad (la pareja ya lo ha dejado claro y la autora, pues también). La vida debe ser propia. Ayudar, claro que sí, pero anular no.