Con 17 años murió el perro que me había sido parte de mi familia durante 12 años. Yo estaba de vacaciones con unos amigos y me enteré porqué a un familiar se le escapó, mis padres decidieron no decírmelo para no fastidiarme esos días. Durante muchos años no se lo perdoné, ese perro era como mi hermano.
Con los años las cosas se ven diferentes, pero el dolor de no poder acompañarlo en su último viaje como él me había acompañado a tantas aventuras, fue terrible. Igual de terrible que saber que, mientras él se moría, yo estaba pasándomelo estupendísimamente bien.
Díselo y que él decida que hacer, si quedarse o volver.