Lo mío fue por Loovo.
Todo parecía apuntar a que era el chico ideal. Calzábamos en los mismos gustos, pensamientos, sentimientos y sensaciones.
Aunque yo me renegaba a algo más, decía que no me iba a dejar escapar. Que me veía como la definitiva, incluso, teóricamente hablaba a sus amigos de mí. Era todo de ensueño, nunca me había enamorado y empezaba a sentir cosquillas.
Que si mensajes eternos cuando me despertaba diciéndome lo afortunado que se sentía, que si blablabla.
Pero nunca llegamos a quedar en persona, nunca quedamos porque me proponía planes cuando sabía que yo no podía, o no estaba preparada, y cuando acordábamos algo, lo cancelaba en último momento.
Así que empecé a desconfiar, y él dejó de hablarme de la noche a la mañana durante un mes. Así que un dia cansada de esperar, le mandé a por margaritas y le bloqueé. Me busco desesperado y me quiso dar una explicación.
“Me estaba enamorando de ti. Me asusté y huí”.
No le perdone tan fácilmente. Se lo puse difícil pero estaba ahí y mis sentimientos, aunque furiosos, también.
Era culto, parecía real.
Real hasta que un día sin más, me dio por mirar sus redes sociales y todo lo que me había dedicado, cada frase, cada canción se la había dedicado también a su nueva novia.
Y esto duró cuatro meses.
El problema de todo esto, es que aprendes, y eso es lo bueno, lo Segundo y lo que más hace mella, es que no vuelves a confiar en los hombres, y en sus detalles, incluso cuando realmente son sinceros.
Pero soy de las que creen que ahí fuera hay alguien para mi, y que está igual de frustrado esperando a cruzarse conmigo.
También me consuela que el karma existe.
Mente positiva, besitos.