Puedes decirle que no te gusta (educadamente), puedes decirle que su hijo preferiría un nombre para él solo y no una copia de su primo, puedes regalarle uno de esos «libros de nombres» con 1000 opciones, puedes advertirle de que su hijo va a estar abocado al diminutivo toda su vida (por ejemplo, Pedro y Pedrito). Pero si se empeña, no te queda otra que aceptarlo, no puedes hacer nada.