Cuando yo era pequeña, «pedía» varias cosas, sabiendo que solamente me traerían una. Es decir: yo señalaba cosas que me gustaban y luego mi madre me regalaba una de ellas. Aparte me ponía siempre alguna sorpresa más, pequeña. Digamos, por ejemplo, pues una Barbie que quería más un juguete más baratito que yo no pedía pero que me gustaba igualmente.
Nadie más me regalaba nada: ni abuelos, ni tíos, ni nada. Y era superfeliz con mis regalos.
Yo creo que la cantidad (o lo que te gastes) no es la clave. Sino que lo que reciban los niños les haga ilusión.