Ni caso a las que te dicen «ay, qué interesada…», porque no tienen razón y porque seguro que ellas son de las que sí recibieron regalos. Es muy fácil llamar a los demás interesados cuando estás en el lado ancho del embudo.
Me parece una guarrada que tengas un bebé y nadie sea ni para un paquete de pañales, me da igual que haya mil niños antes que el tuyo. Prefiero que alguien me venga y me diga «mira, me gustaría hacerte algo, pero es que este año me quiero ir de viaje a Japón, y estoy ahorrando todo lo que puedo, no tengo ni para un sonajero», porque sé que al menos ha pensado en mí, aunque no sea su prioridad, QUE NO TENGO POR QUÉ SERLO, pero ha pensado en mí. Prefiero eso a que pasen olímpicamente del tema y ni lo saquen a colación, y más después de lo que dices, que tú has regalado y nadie se ha preocupado de si podías o no, han cogido los regalitos y ahora están silbando mirando al techo y diciendo que hace buen tiempo. No, las cosas no son así.
No se regala esperando regalo de vuelta, claro que no, pero si te hacen un regalo y no lo devuelves, eres un cerdito. Un egoísta y un malqueda. Pero te diré: esos niños, los hijos de tus primos, de tal… van a tener cumpleaños. Quizás hagan la comunión. Tendrán días de Reyes. Como mucho, descuélgate con un libro, mejor si es de texto, y-pun-to. Te dirán «ay, pobres niños, ellos no tienen la culpa..», TAMPOCO LA TIENE EL TUYO y ha llegado más desnudo que un refugiado sin que nadie le dé ni un chupete, así que ahora AJO Y AGUA. Si se les ocurre decirte algo, les sueltas con toda tu cara «lo siento, es que como cuando nació, nadie le hizo ningún regalo, ni nadie le podía dar nada, pues tuve que hacer un desembolso más fuerte que otros; aún me estoy recuperando». Sonríes beatíficamente y te das la vuelta. Y que se lo tomen como quieran.