No está bien hacerlo a escondidas, pero te diré… si yo traigo a casa un gatito y mi pareja me dice «¡el gato o yo!», le miraría a los ojos y le diría «ELIJO AL GATITO». Para empezar, el animalito no me ha puesto últimatums absurdos ni nunca lo hará. Traer un animal a una casa, así sea un pececito de colores, es algo que elige consenso unánime, sí, pero dar un ultimátum es una bobada, una salida propia de un crío de cinco años, una carta abierta a que te den (y nunca mejor dicho «que te den») una respuesta que no te gustará. No se hace elegir a las personas, igual que no se dice «¿a quién quieres más, a papá o a mamá?»
Puedo entender que los perros no te gusten pero, ¿por qué? ¿Has hablado de ello con tu pareja o simplemente has dicho «no y no» (que es lo que suelen decir los que no quieren animales: o no argumentan, o no quieren escuchar razones, simplemente es NO PORQUE NO PORQUE LO DIGO YO)? ¿Te has parado a pensar que para tu hija va a ser maravilloso compartir su infancia con un amigo peludo? ¿Que quizá la niña ya está enamorada de él y va a ser un palo gordo dejarlo de ver? ¿Y QUE TÚ VAS A SER LA MALA? (eso no se olvida, te lo garantizo. Mis hermanos y yo aún le guardamos rencor a mi madre por la vez que mi padre trajo un cachorro y ella le obligó a dárselo a los tíos, cuando nosotros lo deseábamos por encima de todo, teníamos una edad que nos permitía responsabilizarnos de él, educarlo, cuidarlo… y nos vio llorar durante horas y no le importó. Era más importante que «no hubiera pelos de perro en casa» que la felicidad de sus tres hijos).
Sólo el querer quedar por encima no es razón suficiente para romper una pareja y una familia. Piénsalo bien, un perro es algo estupendo, y para los niños es genial.