No tergiverso nada. Podría haber sido mucho más duro. Podría haber sacado la ametralladora y haberme reído públicamente de cada palabra que has escrito, de tus consejos, de tu «masterclass» y de todo, pero en lugar de ello he decidido ser amable y darte mi propio consejo a cambio de los tuyos. Uno que ahora te voy a repetir si tanta parábola a ver si así lo entiendes mejor: no vayas de sobrada conmigo, comay. No intentes darme lecciones, y desde luego no pongas calificativos como «imbécil» a lo que hago con mi tiempo libre, o la «masterclass» te la voy a dar yo y sin necesidad de recurrir a ningún libro de texto de ninguna facultad.
Si quieres que hablemos, hablamos. Pero modera el tono.