Sí, Ana, con todas sus limitaciones, creo en la meritocracia, porque gracias a mi esfuerzo y mérito, al de mis padres que eran pobres y tenían esos trabajos que nadie quiere, a la educación pública y tantas otras cosas públicas, pude ser maestra y tener el trabajo que soñé. Meritócrata y de izquierdas.
Y creer en la meritocracia siempre es mejor alternativa, y más de izquierdas, que creer en la aristocracia.