Intentar casarte con una IA es como intentar cumplir tu sueño de ser padre con un tamagochi.
Nada de eso es real. La IA no te va a abrazar. No te va a hacer una sopita cuando estés enfermo ni te va a pasar un pañuelo cuando estés llorando.
La soledad también anhela contacto físico, y eso no se puede obtener con un programa.