Soy atea, ni bautizada estoy.
En las bodas entro a la iglesia, me siento en silencio y donde me dicen. No comulgo, no me santiguo, no rezo, pero me pongo en pie y doy la mano cuando lo hacen. Estoy allí siendo testigo de los sentimientos y del juramento ante la creencia más sagrada de la pareja. Soy testigo de su amor y su fe aunque ninguno de los dos sea mio.
El respeto empieza por el respeto. Dar la espalda, ignorar, menospreciar, y anteponer lo tuyo por encima de los demas cuando no te hiere, es la primera señal de intolerancia y falta de respeto.