A ver, cariño, las amigas están para lo bueno y lo malo y han estado contigo ya EN TRES OCASIONES, y ahora coges y vuelves con el mismo tío que te ha puteado. Pues no te extrañe que no quieran más. Esto es como si eres cocainómana y te pasas el día prometiendo que lo vas a dejar, que lo vas a dejar, que esta raya es la última, que ya de aquí no pasa, pero VUELVES. O sea SABES que esa relación va a acabar mal, que te va a volver a hacer daño, que vas a volver a estar por los suelos, LO SABES, pero vuelves a sabiendas de ello no por segunda vez, por cuarta. Son tus amigas, no tus terapeutas, es normal que sean ellas las que digan basta, tienen que estar hasta la coronilla de prevenirte, de decirte que no es bueno, de escucharte lloros para que tú ahora te saltes a la torera todo eso y venga, otra vez me lanzo de cara al macizo de cactus, ¡ahora sin gafas protectoras! ¿¿¿Tienes idea de lo que mina eso??? ¿Tratar con una persona que te demuestra que no se quiere ayudar a sí misma, que tú puedes escucharla y hablar con ella hasta que te escuezan las orejas, y nunca va a valer para nada?
Hija de mi vida, quiérete un poquito. Eso es lo que falla, que te crees que ese tío es el único que va a saber -con perdón- dónde tienes la pipa del coño, Y NO. Si yo fuera una de tus amigas, también habría dicho basta. A ver si así reaccionas. O por lo menos, que luego el duelo lo pases sola, sin hacérselo pasar a los demás. Bien está una vez, dos… pero cuatro es vicio, nena, ¡eso es vicio, te gusta sufrir!