Mi suegra fue ludopata y le amargo la existencia a mi marido, la hemos ayudado lo que hemos podido, pero una cosa es no abandonar a alguien y otra plegarte a sus caprichos, personalmente pienso que cada cual recoge lo que siembra, yo jamás he opinado sobre mi suegra, lo que ha decidido mi marido ha sido lo que hemos hecho y lo he apoyado, y su decisión fue que en cuanto ella no fue autónoma la metimos en una residencia, una en la que estuvo cuidada y bien atendida, pagada con nuestros sueldos porque tenía una pensión no contributiva que no cubría ni de lejos los costes, pero mi marido se negó a amargarse la existencia y a que nuestra familia tuviera que cargar con las historias de su madre después de tantos años de sufrimiento. Apenas la hemos visitado hasta su fallecimiento y apenas ha visto a mi hijo porque también hacía cosas como despertarlo por capricho o ponerlo al sol recién nacido para hacerle fotos y fumar con él delante.
Es triste y a veces no es maldad, es enfermedad o circunstancias que te hacen ser así, pero a la larga no se debe cargar con ciertas cosas que no nos corresponden.
Un abrazo y mucha fuerza