Parte 2:
Que con 18 años te tenga que dar parte de cada movimiento que hace me parece una salvajada.
Yo, con 14 años, volvía a casa a las 23:00 – 24:00, salía con un «salgo con amigos/compañeros de entreno/X) y avisaba con un «llego tarde» si veía que se iban a hacer las 23:00 como poco. Y a los 16 años, igual.
Quedábamos a las 20:00, cenábamos a las 21:00 y a las 22:30, de fiesta, ya fuera en un parque o en algún bar/discoteca donde pudiéramos entrar y cuando salía con los compañeros de esgrima (16 – 17 años) sí, me colaban en la discoteca «siendo» la «novia de». Aun con todo, nunca me he emborrachado, nunca he fumado (si acaso un par de cigarrillos normales han caído, pero nada más) y nunca he tenido líos.
También aprendí a vigilar mi copa, mis espaldas, a decir sí, a decir no, a amenazar cuando la cosa se ponía fea y a tener un boli y/o unas llaves siempre en los bolsillos. Igualmente aprendí a hacer piña con amigas, con amigos, a protegernos, a cuidarnos y sentirnos cuidados y, en definitiva, a vivir.
Éso se lo estás quitando a tu hija. La vida «joven» es nocturna y ella tiene que estar en casa cuando apenas empieza la noche.
Si tanto te preocupa su seguridad, sugiérele apuntarse a algo de artes marciales, en grupo mixto (aunque suela haber más tíos) porque yo he estado en varios y son ellos los que más la van a cuidar aunque parezcan los moteros de los Ángeles del Infierno.
Dale esa confianza, deja que aprenda, que falle, se caiga, se estampe, se emborrache… y cuando ocurra, nada de sermones, nada de «ya te lo dije». Un «cómo vas?», «qué pasó?» o similar porque de los errores se aprende.
No quieres cambiar? Te seguirá engañando y mintiendo porque será la única forma que tenga de vivir.
Tú decides.