Aunque tu cuñado no fuera un delincuente:
1. No tienes por qué ponerle a tu hijo el nombre de otra persona, ni viva ni muerta (mucho menos si ni siquiera la conoces).
2. Tu suegra ni pincha ni corta en este tema. Ponla en su sitio antes de que sea demasiado tarde. Y a tu marido también. Mal empezamos si se compinchan los dos contra ti.
3. El nombre lo decidís entre los dos y, como te han dicho más arriba, solo dos síes es un sí. Fin de la discusión.
Pero volviendo al tema del delincuente, imagínate que criais a tu hijo contándole la mentira de su «pobre tío que murió en un accidente», para que un día conozca la verdad. No os lo perdonará en la vida. Y a ti tampoco, por mucho que le digas «se empeñaron tu padre y tu abuela».
Al tontolava de tu marido le falta un hervor.
Enséñale estos mensajes. Suerte.