Te ha invitado a ir y tú no quieres porque no compartes sus creencias. Una relación sana parte desde la comunicación y el respeto, no desde ceder a lo que él quiera desde el primer minuto.
Habla con él y le dices de manera respetuosa, cariñosa, como quieras, pero firme, que eres atea y no vas a ir a la iglesia, que podéis compartir otras cosas, y así habláis de cuáles, y de lo que tenéis en común. Tenéis que conoceros primero que nada, no crees?
Si te escucha y respeta tu opinión, tendréis muchas cosas más que saber el uno del otro, que compartir y que hablar.
Si ves que te sigue insistiendo, que te manipula («es muy importante para mí que vengas al menos de ver en cuando» «me haría muy feliz» «no te pido tanto sólo que me acompañes y veas» y similares, que te hacen sentir culpable, o que ponen la responsabilidad de su felicidad en ti) HUYE. O si ves que la religión es el eje de su vida y no compartis principios vitales, no es para ti.