Pues yo estoy contigo… Un taxi es un lugar en el que te encuentras muy vulnerable.
Yo he vivido muchos años en el pueblo vecino al que vivían mis amigas y donde se sale y hay más marcha, he cogido muchos taxis sola y de noche. Por suerte, siempre he encontrado gente maravillosa. Nunca ningún taxista ha hecho nada que me haya hecho sentir miedo, ningún comentario inapropiado… Y lo mejor es que la mayoría esperaban parados frente al portal hasta que yo entraba a casa, como vigilando para que entrase segura. Era tiempo de trabajo que perdían de sábado noche, pero muchísimos lo hacían, y yo me giraba y veía que me estaban mirando a mí, no contando el dinero ni mirando el móvil… Estaban cuidándome. Y eso me llenaba de gratitud.
Pero, si en vez de tocarme ese tipo de gente, me toca un pervertido y malo, hubiese estado totalmente indefensa y expuesta. Yo, sabiéndolo, no me subiría en taxi con él. Me espero a otro. Quien no lo sepa, se jode. Y hablamos de niños o niñas, joder, qué mal…
Si se quiere reinsertar, que se busque un trabajo en un supermercado (a plena luz del día y con mucha gente), en la obra (todo tíos, a ver si tiene huevos a pasarse con alguno), en una oficina (lo mismo, más gente y todos adultos).
Un trabajo en el que si se le monta una niña de 16 años que vuelve de fiesta él la puede llevar donde sea… Me parece demasiado, es que hasta para él mismo, si quiere reinsertarse, se está poniendo la tentación encima, que la cabra tira al monte.
¿Reinserción? Bueno… No a costa de jugarse la seguridad de los demás. Mirad el Chicle y Diana Quer, por ejemplo. O Laura Lluelmo (no sé si el apellido era así), la profe que su vecino asesinó y ya había sido condenado por violar a una señora.