Te guste o no, los regalos no se escogen, se aceptan. El regalo es que él ha pensado en ti y le hace ilusión regalártelo, aunque fuera para ti un regalo horrible. El producto, lo que te regalan, no cuenta, es la intención. Si le dices lo que quieres no es un regalo, es un encargo a costa de su bolsillo.
Si no quieres según qué tipo de regalos puedes ir preparando el camino de antemano: dentro de un par de meses le dices «por favor, tengo muchos, no más relojes» o «no más barras de labios que ya tengo de sobras»… pero no se lo dices cuando te dé el regalo porque le chafas la ilusión.